lOS sABIOS dE sION y eL mARTES nEGRO [11-S]

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Han pasado 6 años y un día desde que las “torres gemelas” dejaron de existir, 6 años y un día desde que los EE.UU. dejo de ser invulnerable a los ojos del mundo, y a los ojos de sus propios habitantes que daban por sentado su seguridad y su supremacía, 6 años y un día en que se declaro una injusta guerra a los musulmanes, 6 años y un día en que el nombre Bin Laden solo causa pánico, odio, dolor y resentimiento al ser escuchado por algún gringo. 6 años y un día en que el antisemitismo en Norteamérica y en diversas partes del mundo esta teniendo mayor recepción.



DOCUMENTAL: PROTOCOLS OF ZION [EN INGLES]








Los Protocolos de Zión: El Fraude Más Dañino de la Historia
Por: Gustavo Morales

Sin temor a equivocarme puedo decir que los judíos son el grupo humano que ha sido más odiado en toda la historia. Por siglos han sido expulsados, fusilados, prohibidos, violados y cremados en casi todos los países donde han hecho hogar. Y la razón siempre ha sido la misma: poder. El antisemitismo no tiene su origen, como muchos creen, en la religión. Sino en el poder, disciplina que individuos con la doble nacionalidad hebrea, han sabido escalar una y otra vez.


Pocas culturas, si acaso alguna, son tan dedicadas al perfeccionamiento de las artes, la industria y el crecimiento económico y social de su comunidad como la judía. Claro que nadie es perfecto, y por cada Kafka ante el que no podemos evitar caer de rodillas, hay un Henry Kissinger que provoca destazar y colgar del primer poste de teléfonos que se atraviese en el camino. Y por alguna razón que me escapa, la gente tiende a recordar más a los Kissingers que los Kafkas.

Pero a pesar de todas las razones que cualquiera pueda dar como justificaciones antisemitas, no hay más que echarle una mirada superficial a la historia para darnos cuenta de que las excusas para purgar a las sociedades de la influencia hebrea, han sido una y otra vez tan sólidas como el peluquín de Carlos Menem.

Los judíos, dependiendo del momento histórico y geográfico, han sido en cambote culpables del comunismo y el capitalismo al mismo tiempo. De la muerte de Cristo, la Segunda Guerra Mundial, la crisis en el Medio Oriente, el ataque a las Torres Gemelas, la masonería, el asesinato de Kennedy y hasta del SIDA. Y para aquellos que vociferan este tipo de imbecilidades, los nazis, cuyas barbaridades aun están frescas en nuestra memoria, son gente aceptable y hasta honorable comparada con los viles y condenados judíos.

Extremistas siempre han existido, y los que hoy en día pretenden achacar las culpas del alma podrida de Ariel Sharon a Salomón, el dueño del abasto de la esquina, tienen tanta razón como los que pretenden ver en todos los musulmanes del mundo un responsable por los ataques terroristas a Nueva York en 2001.

Los palestinos que se vuelan en pedacitos frente a kindergartens en Jerusalén, sólo porque esta lleno de niños con un pacto con Jehová entre las piernas, simplemente son tan malvados y se van a freír en la misma paila del infierno que Caifás.

No existen razas ni religiones buenas o malas. Solo gente que le importa muy poco el resto de la humanidad. Por ejemplo, el mundo esta lleno de la memoria de hebreos que sea cual sea el Díos en que creamos, son verdaderos regalos del cielo incluyendo a Steven Spielberg, Larry Harlow, Kafka, Jerry Seinfeld, Ilan Chester, Albert Einstein, Larry Houdini, Irving Berlin, Levi Strauss y hasta Jerry Lewis. Y que por cada uno de ellos haya un Ariel Sharon, simplemente no les quita lo bailao.

Seas de la religión que seas, ten la seguridad que tu raza se merece un holocausto tanto como los hijos de Israel, y por si acaso eres cristiano y estas pensando, ‘pero yo no', ‘es imposible', te voy a decir una sola palabra para poder continuar con la historia: Cruzadas.

Desde chiquitos, por lo menos a los cristianos, nos enseñan 3 cosas fundamentales, los judíos mataron a Cristo, los judíos controlan el planeta y la ostia no se traga, se disuelve en la boca. Pero a pesar de este adoctrinamiento, ninguna estrategia antisemita ha sido tan efectiva en la historia de la humanidad como la publicación de los llamados "Protocolos de los Sabios de Zión".

Este documento hizo su primera aparición pública en el verano de 1903, en San Petersburgo, Rusia, en el diario Znamia. Ese día los habitantes de la ciudad corrieron por sus botellas de vodka cuando leyeron en el periódico que se había desenmascarado una confabulación siniestra planeada por un pequeño grupo de hombres que pretendían apoderarse del mundo por la fuerza, y no, no era George Bush y su combo.

La noticia incluía apenas una versión reducida del protocolo, que en 1905 Sergei Nilus publicaría en forma completa como apéndice a su libro Velikoe v Malom ("Lo Grande en lo Pequeño"). El subtitulo del documento no dejaba lugar a dudas "Un Programa para la Conquista del Mundo por los Judíos. Minutas de la Reunión de los Sabios de Zión".

El cuento no era ninguna novedad. Desde la Edad Media la mitología antisemita se había encargado de regar historias tan insólitas como aquella que decía que los judíos bebían la sangre de infantes cristianos en Pascua. Por lo que cada vez que alguna tragedia azotaba a una población, siempre había un judío chupa sangre a la vuelta de la esquina a quien achacarle la culpa.

Durante la Muerte Negra, por ejemplo, careciendo del conocimiento necesario para entender el peligro de contagio que significaban las pulgas y de que bañarse no era un lujo sino una necesidad, la gente que sufrió de la peste y sus familiares no tuvieron muchos problemas en hallar un culpable a todos sus males. Según estos los judíos habían envenenado los pozos de agua para matar a todos los cristianos, y que los hebreos estuvieran muriendo al mismo ritmo que el resto de la población no evitó una masacre que no detuvo la plaga y nadie se preocupó en aprender como lección.

Para el público que escuchaba estas historias, los judíos eran alguna clase de vampiros satánicos que no contentos con crucificar al buenote de Jesús, aullaban de noche por todo el oro del mundo. Y para colmo de males, muchas de las organizaciones alrededor de las cuales se reunían los grupos más poderosos como los masones, la cabala y hasta los malqueridos templares, tenían origen aunque fuera tangencialmente en ritos y costumbres hebreas. Y malos entendidos de este tipo sobraron.

Sin ir muy atrás, podemos decir que todo comenzó en 1864, cuando un tal Maurice Joly, publicó en París un panfleto titulado "Diálogos en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu". La intención era satirizar las ambiciones de Napoleón III, poniendo como escenario una reunión en el infierno. El escrito era una mediocridad, y en el mismo no se menciona a ningún judío. Por lo menos no por judío. Y aunque a Napoleón no le hizo mucha gracia y Joly fue a dar con sus huesitos en la cárcel, el panfleto llegó a manos de antisemitas alemanes que encontraron más utilidad que Napoleón en la imaginería de Joy.

Tomando como base la historia de la reunión infernal, el escritor alemán Hermann Goedsche se plagió la idea de "Diálogos" y le cambió el título a "El Cementerio en Praga y el Consejo de Representantes de las Doce Tribus de Israel", un capítulo de una serie novelada titulada ‘Biarritz', en la cual se cuenta como una medianoche líderes judíos se reúnen para planear los pasos a tomar en el siglo que estaba por comenzar para continuar su camino hacia la dominación mundial total.

En Alemania el mensaje tomaría un tiempo en cuajar, pero mientras tanto el libro llegaría hasta Rusia, donde el mensaje antisemita encontraría un objetivo en la estrategia del defensa del servicio secreto del Zar.

En ese entonces Rusia era el imperio políticamente más débil del hemisferio, con un gobierno tan despegado de su pueblo que las fuerzas sociales que había estado alimentado con hambre, cambiarían el panorama mundial para siempre en cuestión de años. Y entre los elementos que amenazaban el status quo ruso estaban, por supuesto, los judíos.

En el caso ruso, la amenaza judía era real, pero no porque fueran hebreos, sino porque eran comunistas, por lo que cuando el imperio de Nicolás II finalmente cayó en 1917 la mayoría de los líderes que tomaron el poder fueron judíos. Lenin mismo era ¼ judío de sangre, pero de corazón no menos de 100% llegando a afirmar en una ocasión que "un ruso inteligente, es casi siempre judío o alguien con sangre judía en las venas".

Y con Lenin Moscú contaría con su buen montón de gente inteligente. León Trotsky (Lev Bronstein), Yakov Sverdlov (Solomon), Karl Radek (Sobelsohn), Maxim Litvinov (Wallach), Lev Kamenev (Rosenfeld) y un increíble y largo etcétera donde después de Marx (otro judío) la figura que jugaría el rol más influyente en los futuros acontecimientos europeos sería el camarada Grigori Zinoviev (Radomyslsky), cabeza de la Internacional Comunista, agencia encargada de exportar la revolución a otros países. O como lo verían los grupos antisemitas, encargada de expandir el sionismo por el planeta.

Buscando desacreditar a este grupo levantisco antes que pudiera hacer algún daño, el servicio secreto del Zar había publicado los protocolos en San Petersburgo, poniendo en marcha un proceso que convertiría a la revolución roja, en más roja de lo que ya era, provocando la masacre indiscriminada de judíos que muy posiblemente ni sabían que era un protocolo, y una posterior ola migratoria que en 1920 se haría patente en Inglaterra, donde el protocolo fue publicados por primera vez en inglés en el "Times" de Londres.

El "Times" se retractaría al año siguiente, publicando una serie de artículos sobre la historia del supuesto protocolo. Philip Graves, el periodista que firmó los artículos basó su afirmación en el hecho que el trabajo de Joly y Goedsche eran tan similares que "o ambos habían sido escritos por el mismo hombre o uno había sido plagiado del otro". Lamentablemente en este tiempo el documento llegaría a los Estados Unidos, y peor aun, a Alemania, donde más tarde serviría como justificación a los nazis para su régimen de limpieza étnica tras vender más de 100.00 copias sólo en su primer año de publicación.

El editor del periódico en San Petersburgo, nunca reveló la fuente del documento, sólo que el original era en francés. Y entre sus páginas, que fueron reproducidas una y otra vez en diferentes partes de Rusia, usualmente en diferentes versiones, no se revelaban muchas pruebas de su origen, apenas esbozando el plan según el cual el mundo estaría en manos judías muy pronto.

Para empezar el plan ya estaba en marcha, y en las primeras etapas la sociedad secreta se encargaría de debilitar las incipientes democracias europeas, de desacreditar la moral cristina a través de propaganda negativa al tanto que los industriales judíos promoverían la inestabilidad económica jugando a la canasta con los precios de venta al publico.

Solo entonces se daría el golpe de gracia. Y como en ocasiones anteriores, como cuando la plaga, gérmenes serían liberados en las grandes ciudades donde quienes no murieran de enfermedad serían aplastados por bombardeos que durarían hasta que el mundo pidiera cacao.

La Okhrana, el servicio secreto del Zar, se había tomado tan en serio esta ficción absurda que cualquiera que visitase una iglesia rusa hasta antes de la revolución, vería pegadas las páginas del protocolo en las puertas de entrada. Donde muy posiblemente agentes ingleses y norteamericanos las habían visto y considerado genuinas.

Quizás por esto la fiebre no se limitó a Rusia. Henry Ford, quien era tan antisemita que tenía una foto de Adolfo Hitler en su escritorio (y Hitler tenia una de él en el suyo), en 1920 creo un periódico, el Dearborn Independent, con el único fin de atacar a los judíos y comunistas, imprimiendo cualquier cantidad de barbaridades acerca de ambos incluyendo ‘Los Protocolos'. Años más tarde se retractaría para proclamarse, inteligentemente, amigo del pueblo judío a tiempo para el boom económico de post-guerra mundial. Hitler citaría el documento en ‘Mein Kampf' y hasta Franco los utilizaría para denunciar la amenaza judía en España.

Pero a pesar del éxito del infame Best-Seller, el documento tenía una serie de errores fundamentales que revelaban que su origen no podía ser una pluma judía, o cuando menos no las minutas de una reunión de entre estos.

El documento esta escrito como una serie de afirmaciones hechas a veces en primera persona, en representación del pueblo judío, que se supone es una masa homogénea de personas conspirando para esclavizar al resto de la humanidad. Contradiciéndose en más de una ocasión criticando las intenciones revolucionarias de derrocar la Aristocracia que incluso identifica como la rusa, a quien el autor aprovecha de describir como una sociedad una de las sociedades más grandiosas de la tierra.

Existen dos sospechosos principales de la autoría de los protocolos. Uno es Ilya Tsion, un periodista ruso retirado que vivía en Paris que puede haberlos escrito para desacreditar a oponentes políticos e impresionar al Zar. Tsion había publicado panfletos políticos en el pasado y los puntos de vista de los protocolos estaban en línea con su forma de pensar.

Pero el candidato favorito de los historiadores era un empleado del Zar. Pyotr Ivanovich Rachovsky, el jefe ser servicio exterior ruso. Rachovsky había escrito ensayos donde revelaba su creencia en la existencia de una conspiración mundial judía para hacerse con el mundo, especialmente Rusia. Y en diversas oportunidades había ordenado la publicación en periódicos europeos de cartas forjadas con la intención de desprestigiar, en la mayoría de los casos, a conspiradores rusos en el exilio.

Hoy en día los títulos de las cartas son tan obvias que simplemente dan risa. ‘Confesión del que una vez fue un revolucionario' era una de ellas. Las historias siempre giraban en torno a algún ex-revolucionario ruso que se había arrepentido de su vida de crimen y confesaba su vida como terrorista despiadado al lado de sus camaradas judíos.

Rachovsky fue repatriado en 1902 y tras la revolución en 1905 se encargaría de crear la Soyuz Russkogo Naroda, la Liga del Pueblo Ruso, un grupo antisemita, pro zarista y antirrevolucionario que junto a la Liga del Arcángel Miguel (Soyuz Mikhaila Arkhangela) y el Consejo de la Nobleza Unida (Soviet Obedinennogo Dvoryanstva) más tarde jugarían un rol fundamental en la persecución judía en la era revolucionaria. Tras la caída del zarismo en 1917, se descubriría que todas estas organizaciones eran agencias mantenidas por el estado como propaganda anticomunista, y al reorganizar la oficina del servicio secreto en Paris en 1917 uno de los asistentes de Rachovsky admitiría haber estado presente cuando el documento fue escrito en la oficina de su jefe.

Sin embargo, no seria hasta 1993, que una corte rusa sentenció que los "protocolos" eran una creación de la Okhrana, poniendo fin a la tradición nacional de que los mismos eran reales.

Sin embargo, millones de creyentes en el documento aun mantienen que el mismo es cierto, y en ejemplos como el website de una organización llamada Radio Islam (http://abbc.com/islam/english/toread/pr-zion.htm), los editores presentan los protocolos como "evidencia" de los planes hebreos de dominación mundial.

Los Protocolos de los Sabios de Zión, sin embargo, es solo uno de los tantos documentos de guerra sucia que se han escrito en el mundo, que no cumplen sus objetivos porque sean verdad, sino porque son útiles para quien quiera que los ponga en circulación.


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